ISO 17100 y calidad de la traducción: cómo evaluar un proveedor de traducción antes de contratarlo

Evaluar la calidad de la traducción, para un fabricante, significa comprobar cómo controla la calidad un proveedor antes de firmar y, después, medir el resultado en sus propios documentos. Se empieza por la ISO 17100 y el segundo lingüista, se hacen preguntas acordes con lo que se compra (traducción automática, posedición o traducción humana) y se puntúa una prueba con una tipología de errores sencilla. DEMA Solutions responde por escrito a cada una de estas preguntas.

Reviewer checking a printed document with a pen

A quién va dirigida esta guía

Esta guía es para quienes conviven con una traducción mucho después de haber pagado la factura: responsables de documentación técnica y redactores técnicos que se ocupan de los manuales, equipos de compras que deben homologar y documentar a cada proveedor, y directores de calidad o de operaciones que responden de lo que llega al cliente. La mayoría trabaja en fabricantes de equipos complejos, como sistemas de climatización (HVAC), equipos de elevación y manutención, maquinaria de envasado y de proceso o líneas de automatización, donde un manual, una etiqueta de seguridad o una lista de recambios forman parte del producto.

Quizá un error terminológico ha llegado a un cliente, un distribuidor comenta que el manual en alemán parece escrito por una máquina o una auditoría pregunta cómo se homologa a los proveedores de traducción. En cada caso, alguien tiene que juzgar la calidad a partir de pruebas, no de promesas.

Qué significa la calidad de la traducción en la documentación técnica

Todos los proveedores dicen ofrecer calidad, y muy pocos la definen. En la documentación técnica, la calidad no es la impresión de un texto fluido: es un conjunto de propiedades que se pueden comprobar una por una.

Exactitud. La traducción dice lo que dice el original, ni más ni menos. La instrucción de cerrar la válvula B antes de abrir la válvula A no debe invertir el orden, suavizarlo ni perder la condición. Los errores de exactitud son los más graves porque cambian lo que hace el lector.

Terminología. El mismo componente, la misma función o la misma operación llevan el mismo nombre en todos los documentos y ediciones, y es el nombre que usan sus ingenieros, su servicio técnico y sus clientes. Un manual que se contradice a sí mismo, o contradice la interfaz de la máquina, genera dudas justo cuando el lector necesita certeza.

Cifras, unidades y referencias. Pares de apriete, presiones, temperaturas, tolerancias, referencias de piezas y remisiones llegan sin cambios, con los separadores decimales y las convenciones de unidades correctas para cada mercado. Son los errores que más pesan y los más fáciles de pasar por alto cuando se lee pensando en el estilo.

Integridad. Las celdas de las tablas, los rótulos de las ilustraciones, las notas al pie y el texto incrustado en los gráficos están traducidos, y no queda nada de una versión anterior.

Legibilidad para el usuario previsto. Un técnico de mantenimiento, un operario de línea y un responsable de instalaciones necesitan textos distintos. La traducción debe leerse como si se hubiera escrito para ellos, con las convenciones que esperan en instrucciones y advertencias.

Un archivo utilizable. El documento entregado se abre, se imprime y se publica correctamente, con la maquetación, las fuentes y los gráficos intactos. Un texto suelto que alguien de su oficina tiene que volver a pegar en la maqueta no es una traducción terminada.

Evaluar la calidad de la traducción consiste en comprobar estas propiedades de forma sistemática: primero en el proceso del proveedor y después en lo que entrega.

Qué exige realmente la ISO 17100

La ISO 17100 es la norma internacional para los servicios de traducción y el filtro individual más útil a la hora de preseleccionar proveedores. No certifica una traducción: certifica un proceso, auditado por un organismo de certificación independiente, que abarca personas, flujo de trabajo y registros.

En cuanto a las personas, la norma enumera las competencias que debe tener un traductor (competencia traductora, lingüística y textual en ambas lenguas, de documentación, cultural, técnica y de dominio) y las formas de acreditarlas: un título reconocido en traducción, un título en otra disciplina más experiencia profesional en traducción, o un periodo más largo de experiencia profesional a tiempo completo. Los revisores necesitan las mismas competencias más experiencia en el ámbito que revisan, y los gestores de proyecto deben acreditar también su propia competencia documentada.

En cuanto al proceso, el requisito que define la norma es la revisión. Toda traducción debe ser revisada por una segunda persona, distinta del traductor, que compara el texto de destino con el de origen en cuanto a exactitud, terminología, coherencia y adecuación al propósito. El traductor comprueba antes su propio trabajo. Otros pasos, como una revisión monolingüe por parte de un especialista del ámbito o una corrección de pruebas final, pueden acordarse con el cliente. La norma también define lo que ocurre antes de la producción (consulta, presupuesto, acuerdo, preparación del material de referencia) y después de la entrega, incluida la gestión de los comentarios del cliente.

En cuanto a los registros, un proveedor con certificación ISO 17100 conserva la documentación del proyecto y las pruebas de las cualificaciones, de modo que puede mostrar a compras quién tradujo y quién revisó su proyecto y cómo se cerraron las incidencias. Pida el certificado, el organismo de certificación, el alcance y la fecha de renovación. Un certificado que no puede ver no es un filtro.

Lo que la ISO 17100 no garantiza

La certificación indica que el proceso existe y está auditado. No indica si los lingüistas asignados a su cuenta conocen los sistemas hidráulicos, los circuitos frigoríficos o los PLC de seguridad: la competencia de dominio es obligatoria, pero hasta qué punto se ajusta a sus productos es algo que hay que preguntar. Tampoco dice quién es el propietario de su glosario y su memoria de traducción, ni si las mismas personas seguirán trabajando en sus documentos el año que viene, que es lo que mantiene estable la terminología entre ediciones.

Tampoco cubre la traducción automática. La norma deja fuera de su alcance el uso de la traducción automática en bruto más posedición; la posedición tiene su propia norma, la ISO 18587. Por lo tanto, un proveedor certificado puede entregar igualmente texto traducido automáticamente y poseditado en su proyecto. Puede ser lo adecuado, pero usted necesita saberlo.

Traducción automática, posedición y traducción humana: preguntas distintas

Las preguntas que revelan la calidad dependen de lo que usted compra, y muchos presupuestos no lo dicen. Antes de comparar nada, establezca cuál de los tres servicios le ofrece cada proveedor.

Solo traducción automática. El texto pasa por un motor y nadie lo coteja con el original. Puede servir para lectura interna o grandes volúmenes de texto de bajo riesgo, pero para todo lo que llega a un cliente es un riesgo. Pregunte para qué contenidos se utiliza, si funciona con su glosario y su memoria aprobados, cómo se protege la confidencialidad de sus datos y quién decide que un texto es apto para la salida en bruto.

Posedición de traducción automática. Un motor genera un borrador y un lingüista lo edita. Pregunte si la posedición es ligera (sentido correcto, texto comprensible) o completa (terminología, estilo y coherencia corregidos hasta un nivel comparable al de la traducción humana), quién es el poseditor y si un segundo lingüista revisa después el resultado. Dónde suele estar la frontera entre ambos niveles en la documentación técnica, y cómo se definen en la práctica, se explica en la página de nuestro servicio de traducción automática con posedición.

Traducción humana con revisión. Un traductor cualificado trabaja a partir del original con su memoria y su glosario, y un segundo lingüista cualificado revisa el resultado. Aquí las preguntas tratan sobre las personas: quiénes son el traductor y el revisor, qué saben de su tipo de equipos y si seguirán en su cuenta.

Dos precios muy diferentes pueden ser simplemente precios de dos servicios diferentes, así que un presupuesto que no indica qué servicio va a recibir es lo primero que hay que aclarar. En los vídeos pasa lo mismo, y nuestro análisis del precio de los subtítulos de vídeo enumera los factores que cada proveedor da por supuestos.

El segundo lingüista: la primera pregunta

En nuestras conversaciones con compradores, la primera pregunta es casi siempre si un segundo lingüista cualificado comprueba realmente cada traducción frente al original. Es el instinto correcto: la revisión es donde se detecta la mayoría de los errores, y también el paso que más fácilmente se recorta cuando aprietan los plazos.

Pregunte cómo se documenta la revisión. Una respuesta creíble nombra la función (un revisor que no es el traductor), describe el trabajo (un cotejo bilingüe con el original, no una simple relectura del texto traducido) y explica cómo sabría usted que se ha hecho, por ejemplo a través de los registros del proyecto. Pregunte si se aplica a todos los idiomas y a todos los encargos, incluidas las pequeñas actualizaciones urgentes, y qué ocurre con el texto reutilizado de la memoria de traducción. «Nuestro equipo lo revisa todo» no es lo mismo que un segundo lingüista con nombre y apellidos que compara la traducción con el original, y la diferencia solo se nota cuando algo sale mal.

Cómo plantear una prueba de traducción justa

Las preguntas muestran cómo dice trabajar un proveedor. Una prueba muestra cómo trabaja con sus documentos, siempre que sea justa, representativa y se evalúe de la misma manera para todos los proveedores.

Elija de una a tres páginas de contenido real que reúnan lo que hace difícil su documentación: términos propios del producto, cifras y unidades, una advertencia de seguridad, una tabla, una remisión y algo de texto que haga referencia a la interfaz de la máquina. Un párrafo de marketing dice poco sobre cómo gestionará un proveedor un procedimiento de mantenimiento. Las trampas típicas de los manuales técnicos, desde frases casi idénticas con pequeñas variaciones hasta los valores de las tablas, son precisamente el mejor material de prueba.

Entregue a todos los proveedores el mismo texto, el mismo material de referencia y las mismas indicaciones sobre el lector de destino, y pida a cada uno que indique qué servicio representa la muestra, para no comparar una traducción humana revisada con una posedición ligera. Si la maquetación importa, envíe el archivo de origen en lugar de un extracto en PDF y valore también el archivo devuelto.

El mejor evaluador conoce el producto y es nativo de la lengua de destino, como un ingeniero de una filial o un distribuidor de confianza; un lector general detecta las frases forzadas, pero no el término equivocado para un componente. Anonimice las muestras si prueba a varios proveedores, y recuerde que una prueba corta demuestra competencia, no constancia en la cuadragésima actualización.

Puntuar la muestra: una tipología de errores sencilla

«La segunda se lee mejor» es difícil de defender ante compras e imposible de repetir. Una tipología de errores breve convierte la evaluación en algo que se puede registrar, comparar y reutilizar más adelante para el control continuo de la calidad lingüística. Las tipologías de errores del sector y las orientaciones de la ISO 5060 sobre la evaluación de traducciones siguen la misma lógica, pero un fabricante rara vez necesita más que estas categorías:

  1. Exactitud: sentido modificado, añadido u omitido; texto sin traducir.
  2. Terminología: un término que difiere del glosario, de la interfaz o de documentos anteriores.
  3. Lengua: gramática, ortografía y puntuación.
  4. Estilo y legibilidad: correcto pero poco natural, demasiado literal o inadecuado para el lector.
  5. Convenciones locales: separadores decimales, fechas, formatos numéricos y unidades.
  6. Cifras y referencias: valores, referencias de piezas o remisiones a figuras o capítulos modificados.
  7. Maquetación y archivo: formato roto, texto cortado, un archivo inutilizable.

A cada error se le asigna después una gravedad. Un error crítico podría causar lesiones, daños, un problema normativo o una retirada del mercado: un valor erróneo en un procedimiento de seguridad, una instrucción invertida, una advertencia que falta. Un error grave cambia el sentido, confundiría a un lector competente o rompe un término clave. Un error leve es visible, pero no cambia lo que el lector entiende o hace. En muchas empresas, un solo error crítico basta para suspender la muestra, sea cual sea el resto. Cuente los errores por página o por cada mil palabras para comparar con justicia muestras de distinta longitud, guarde las muestras puntuadas y aplique la misma vara de medir en los controles por muestreo cuando el proveedor ya trabaje para usted.

Cifras, unidades y advertencias de seguridad

Para los fabricantes de equipos, dos partes de un documento concentran más riesgo que todo lo demás junto: las cifras y los textos de seguridad. Los directores de calidad hacen bien en comprobarlos por separado.

En cuanto a las cifras, pregunte si unas comprobaciones automáticas comparan cada número, unidad y etiqueta de la traducción con el original antes de la revisión humana, cómo se tratan los separadores decimales y de millares en cada mercado y si alguna vez se convierten unidades (solo debería hacerse por indicación expresa suya). En su prueba, incluya decimales, intervalos y unidades, y compruébelos uno por uno.

En cuanto a las advertencias de seguridad, las preguntas tienen que ver con la coherencia y el registro. Las palabras de señalización, las descripciones del peligro y las consecuencias deben traducirse siempre igual, idealmente a partir de frases aprobadas en su glosario o en su memoria. Una advertencia que cambia de un capítulo a otro pierde autoridad, y una que se suaviza en la traducción se convierte en una cuestión de responsabilidad por producto, porque las instrucciones traducidas tienen que cumplir lo que exige la legislación de la UE sobre productos.

Traducciones reutilizadas: la memoria no siempre tiene razón

La memoria de traducción abarata la traducción técnica y la hace más coherente, pero introduce un riesgo que ninguna prueba revela: texto antiguo reutilizado sin que nadie lo vuelva a leer. Las coincidencias exactas a menudo no se revisan, dando por hecho que se aprobaron en su día. Esa suposición falla cuando la memoria contiene texto que nunca se revisó como es debido, segmentos alineados a partir de documentos antiguos o terminología obsoleta, y una memoria creada a lo largo de los años con varios proveedores suele contener las tres cosas.

Pregunte si el contenido reutilizado se revisa en el material sensible, como las advertencias de seguridad y los documentos regulados, si los segmentos alineados permanecen marcados hasta que un lingüista los confirma y si una coincidencia errónea detectada por un traductor se corrige en la memoria y se notifica. Pregunte también quién es el propietario de la memoria y en qué formato la recibe usted; en nuestro artículo sobre la memoria de traducción como activo estratégico explicamos por qué la respuesta debería ser usted, en cualquier momento y sin coste.

Revisión en el país y en las filiales sin cuellos de botella

Muchos fabricantes, y casi todas las filiales de un grupo internacional, tienen compañeros en el extranjero que vuelven a revisar las traducciones antes de publicarlas. Su conocimiento es valioso; su disponibilidad, no, y la revisión a cargo de un ingeniero comercial desbordado en otro país es un motivo habitual de retrasos en las fechas de lanzamiento.

La forma de que la revisión siga siendo útil es trasladar la mayor parte al principio del proceso. Apruebe la terminología una sola vez en un glosario compartido en lugar de corregir los mismos términos en cada documento; cómo hacerlo lo explicamos en el artículo sobre la gestión terminológica centralizada. Acuerde qué revisan los revisores (terminología y sentido técnico, no estilo personal), deles un plazo fijo y decida qué ocurre si no responden.

Pregunte a los proveedores cómo gestionan los cambios de los revisores: las correcciones reales deben volver a la memoria y al glosario, y los cambios de preferencia deben comentarse en lugar de aplicarse a ciegas, para que el mismo comentario no reaparezca en la siguiente edición. Cuando varios proveedores atienden a distintas filiales, los mismos principios valen para todos, como describe nuestro artículo sobre la gestión de la traducción con varios proveedores y mercados.

Comentarios, reclamaciones y calidad a lo largo del tiempo

Ningún proveedor está libre de errores, así que la verdadera pregunta es qué pasa cuando se encuentra uno. Un procedimiento documentado de reclamaciones es una exigencia razonable: la incidencia se registra, se analiza su causa con los lingüistas implicados, se corrige la traducción y se actualizan la memoria y el glosario para que no se repita. Pida un ejemplo anonimizado de una reclamación anterior. Un proveedor que responde «no pasará» no tiene un proceso.

La calidad también hay que juzgarla a lo largo de las revisiones, porque cada edición trae sus propios riesgos: un traductor nuevo, un término cambiado, una actualización con prisas antes de una feria. Compruebe cada edición por muestreo con la misma tipología de errores que usó en la prueba, registre los resultados y analice la evolución con el proveedor a intervalos regulares. Una tasa de errores estable o decreciente entre ediciones dice más que cualquier muestra brillante aislada. Los criterios de selección que van más allá de la calidad, como la capacidad, los formatos y los precios, merecen la misma disciplina: preguntas por escrito y respuestas que se puedan comparar.

Las preguntas que hay que hacer a un proveedor de traducción

Hágalas por escrito y compare las respuestas una junto a otra; la forma en que responde un proveedor ya es informativa.

  1. ¿Para qué servicio es este presupuesto? Traducción automática, posedición (ligera o completa) o traducción humana con revisión, por tipo de documento.
  2. ¿Quién traduce y quién revisa? Nativos que conocen su tipo de equipos, y un segundo lingüista cualificado que compara cada traducción con el original.
  3. ¿Podemos ver su certificado ISO 17100? Organismo de certificación, alcance y fecha de renovación.
  4. ¿Cómo se comprueban cifras, unidades, etiquetas y terminología? Comprobaciones automáticas antes de la revisión humana, no solo una lectura final.
  5. ¿De quién son el glosario y la memoria de traducción? Suyos, con exportación en cualquier momento.
  6. ¿Cómo se trata el texto reutilizado en contenidos sensibles? Se vuelve a revisar y se corrige en origen cuando es erróneo.
  7. ¿Cómo trabajan con nuestros revisores en cada país? Un circuito definido que devuelve los cambios aprobados a la memoria y al glosario.
  8. ¿Qué ocurre cuando algo está mal? Un procedimiento documentado de reclamaciones, con un ejemplo.
  9. ¿Seguirán los mismos lingüistas con nuestros productos? La continuidad mantiene estables la terminología y el estilo.
  10. ¿Pueden devolver los archivos con su maquetación original? En manuales y catálogos, la autoedición multilingüe debería formar parte del servicio.

No debería creer a ningún proveedor por su palabra, tampoco a nosotros. Lo que distingue a un proveedor de otro es si puede mostrar, por escrito y antes de la firma, cómo se controla cada parte de la calidad, y si una prueba con sus propios contenidos lo confirma.

Cómo responde DEMA Solutions a estas preguntas

Nuestro proceso de traducción cuenta con la certificación ISO 17100, auditada por CSI (certificado TRD21015) y renovada cada año. Cada texto lo traduce un traductor nativo con experiencia en la materia y lo revisa frente al original un segundo lingüista cualificado. Antes de la revisión humana, en cada entrega se ejecutan comprobaciones automáticas de cifras, unidades, etiquetas, cumplimiento del glosario y coherencia, y los glosarios y guías de estilo creados para sus contenidos se aplican en todos los idiomas y en cada actualización.

Las traducciones reutilizadas se comprueban una segunda vez donde importa: en proyectos muy sensibles, en memorias alineadas que ningún traductor ha revisado, en cadenas de software y en cualquier segmento que un lingüista marque. Un procedimiento documentado de reclamaciones garantiza que un problema detectado una vez no vuelva a aparecer. Su glosario y su memoria de traducción le pertenecen y se exportan sin coste siempre que los pida, y nuestro equipo interno de autoedición devuelve manuales y catálogos con su maquetación original. El proceso completo se describe en la página sobre nuestra calidad de traducción, y la página de traducciones técnicas muestra cómo se aplica a manuales, catálogos y textos de interfaz.

Dónde encaja TUBE

Para los fabricantes cuya documentación cambia con cada lanzamiento de producto, la solución TUBE mantiene bajo su control el lenguaje de cada actualización. Su glosario y su memoria de traducción controlan la traducción automática, cada traducción aprobada pasa a una memoria de su propiedad que puede exportar, y los informes de reutilización muestran qué parte de cada actualización procede de texto ya aprobado.

Preguntas frecuentes

Es la evaluación de una traducción, o del proceso de un proveedor, según criterios definidos como exactitud, terminología, cifras y unidades, integridad, legibilidad y utilidad del archivo. Para quien compra, combina la comprobación del proceso del proveedor antes de contratarlo con la puntuación de resultados sobre contenido real.

La ISO 17100 es la norma internacional para los servicios de traducción. Establece requisitos de competencia y cualificación para traductores, revisores y gestores de proyecto, exige que cada traducción la revise una segunda persona frente al original y define el proceso y los registros desde la consulta hasta los comentarios del cliente.

Es un buen primer filtro, no una respuesta completa. No muestra si los lingüistas conocen sus productos, cómo se gestionan su terminología y su memoria ni si los resultados se mantienen constantes a lo largo del tiempo. Combínela con preguntas por escrito y una prueba con sus propios contenidos.

No. El uso de la traducción automática en bruto más posedición queda fuera de su alcance y lo cubre una norma distinta, la ISO 18587. Si en su proyecto se utiliza traducción automática, pregunte qué nivel de posedición se aplica y si un segundo lingüista revisa el resultado.

Normalmente de una a tres páginas, suficiente para incluir terminología específica, cifras y unidades, una advertencia de seguridad, una tabla y remisiones. Entregue a todos los proveedores el mismo texto y el mismo material de referencia, y haga que alguien que conozca el producto evalúe las muestras a ciegas.

Clasifique cada error por categoría (exactitud, terminología, lengua, estilo, convenciones locales, cifras, maquetación) y gravedad (crítico, grave, leve), dé mucho peso a los errores críticos y cuente los errores por página o por cada mil palabras, para poder comparar los resultados y seguirlos en el tiempo.

En contenidos sensibles, sí. Las memorias pueden contener texto sin revisar, alineado u obsoleto, así que las advertencias de seguridad, los documentos regulados y cualquier segmento que marque un lingüista merecen una segunda mirada, y las correcciones deben volver a la memoria.

Compruebe antes de elegir

Si está eligiendo un proveedor de traducción, o revisando el que ya tiene, háganos las mismas preguntas. Cuéntenos qué traduce y le responderemos por escrito; además, traduciremos una muestra de sus propios contenidos para que pueda juzgar el resultado.

¿Cómo podemos ayudarle?

Cuéntenos qué necesita y le responderemos con las soluciones adecuadas.

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