Lenguaje claro y lectura fácil: ¿cuál necesita su público?
El lenguaje claro y la lectura fácil no son lo mismo. El lenguaje claro hace comprensible la versión principal de un texto para un público amplio y sigue la norma ISO 24495-1. La lectura fácil es una versión aparte, muy simplificada, para personas con discapacidad intelectual o grandes dificultades de lectura, elaborada según pautas propias y validada por sus lectores. DEMA Solutions realiza ambas, también en varios idiomas.

A quién va dirigida esta guía
Esta guía es para quienes deben convertir la frase «nuestra información tiene que ser accesible» en un encargo concreto: responsables de comunicación, cumplimiento normativo e información al cliente, departamentos de recursos humanos que publican políticas y procedimientos, y los equipos de administraciones, empresas de servicios, bancos, aseguradoras y fabricantes que escriben para el gran público. Normalmente alguien ha advertido que un documento es demasiado difícil, y hay que decidir si se reescribe el original o se le añade una versión simplificada.
Los dos enfoques se confunden a menudo, entre otras cosas porque los nombres cambian de un idioma a otro. Lo que en español es lenguaje claro se llama plain language en inglés, Einfache Sprache en alemán y linguaggio chiaro en italiano. La lectura fácil es easy-to-read o Easy Read en inglés, Leichte Sprache en alemán y lettura facile en italiano. Conviene tenerlo presente cuando se trabaja con proveedores o casas matrices de otros países.
Qué es el lenguaje claro
El lenguaje claro es una forma de escribir en la que la redacción, la estructura y el diseño son tan claros que los destinatarios encuentran fácilmente lo que necesitan, lo entienden y pueden usar esa información. Es, en esencia, la definición de la norma internacional ISO 24495-1:2023, Plain language, Part 1: Governing principles and guidelines, válida para cualquier idioma.
La norma se apoya en cuatro principios. La información debe ser pertinente, es decir, ofrecer lo que el lector necesita para la tarea que tiene delante sin enterrarlo entre detalles. Debe ser localizable, con títulos, orden y diseño que lleven enseguida al lugar correcto. Debe ser comprensible, con frases, términos y explicaciones que no exijan un esfuerzo innecesario. Y debe ser utilizable: quien la lee puede actuar sin pedir a otra persona que se la explique.
Dos rasgos distinguen el lenguaje claro de la lectura fácil. El primero: por lo general mejora la versión principal del documento, el contrato, la carta o la política que recibe todo el mundo, en lugar de crear una segunda versión. El segundo: conserva todo el contenido necesario. Una póliza en lenguaje claro sigue incluyendo cada exclusión; la diferencia es que el lector la encuentra y la entiende. Los términos técnicos pueden mantenerse si se explican o se sitúan en un contexto que aclare su sentido. Por eso el lenguaje claro sirve tanto para un público profesional como para los consumidores.
Qué es la lectura fácil
La lectura fácil es una versión de la información adaptada con mucha mayor profundidad para que las personas con discapacidad intelectual, dificultades de aprendizaje u otras dificultades importantes de lectura y comprensión puedan entenderla por sí mismas. No es un texto algo más corto, sino un método distinto con reglas propias.
La lectura fácil sigue convenciones que resultarían extrañas en un documento empresarial corriente. Cada frase contiene una sola idea. Se usan palabras cotidianas y, si una palabra difícil es inevitable, se explica. Se elimina lo que el lector no necesita saber, de modo que una versión en lectura fácil es, por diseño, una selección. El diseño forma parte del método: letra grande y legible, mucho espacio, texto alineado a la izquierda, cada frase en una línea nueva, números en cifras e imágenes junto al texto que explican.
La diferencia más importante es que la lectura fácil la validan sus lectores. Las pautas europeas de Inclusion Europe, Información para todos, prevén que las personas con discapacidad intelectual participen en la elaboración y la revisión del texto, y el logotipo europeo de lectura fácil está pensado solo para documentos que siguen esas pautas. Un texto no es de lectura fácil porque quien lo escribe lo considere sencillo; lo es cuando personas del grupo destinatario han confirmado que lo entienden.

Diferencia entre lenguaje claro y lectura fácil
La forma más sencilla de compararlos es mirar para qué sirve cada uno. El lenguaje claro es para quien sabe leer textos corrientes pero no debería esforzarse para hacerlo, es decir, casi todo el mundo. La lectura fácil es para quien encuentra demasiado difíciles incluso los textos corrientes bien escritos.
| | Lenguaje claro | Lectura fácil |
|—|—|—|
| Destinatarios principales | Público general, clientes, empleados, personas con otra lengua materna | Personas con discapacidad intelectual, dificultades de aprendizaje, demencia o afasia y otras con competencias lectoras muy limitadas |
| Resultado | Normalmente la versión principal, mejorada | Normalmente una versión adicional y separada |
| Contenido | Se mantiene toda la información necesaria | Solo la información esencial, seleccionada |
| Documentos de referencia | ISO 24495-1:2023 | Pautas de Inclusion Europe, ISO/IEC 23859:2023, UNE 153101:2018 EX |
| Validación | Recomendada, con lectores tipo | Prevista: validación por el grupo destinatario |
| Extensión | Similar o inferior al original | A menudo más larga por idea, pero con menos ideas |
La comparación también explica por qué no compiten entre sí. Muchas organizaciones necesitan ambas: un documento principal en lenguaje claro y una versión en lectura fácil de las partes que más importan a quienes tienen mayores dificultades, como solicitar un servicio, qué supone un contrato o qué hacer en una emergencia.
Normas y pautas: ISO 24495-1 y UNE 153101 EX
Para el lenguaje claro, la referencia ya es internacional: la ISO 24495-1:2023 define principios y directrices aplicables a cualquier idioma. En Alemania se ha adoptado como DIN ISO 24495-1 y se ha completado con una norma específica para el alemán. Qué exige exactamente esa norma y cómo aplicarla documento a documento lo explicamos en nuestra guía sobre la ISO de lenguaje claro.
Para la lectura fácil hay varios niveles. Las pautas de Inclusion Europe están traducidas a muchos idiomas y siguen siendo la base común europea. La ISO/IEC 23859:2023 ofrece requisitos y recomendaciones, independientes del idioma, para que un texto escrito sea fácil de leer y comprender, incluido el proceso de creación, adaptación y evaluación. España fue pionera con la UNE 153101:2018 EX, Lectura Fácil. Pautas y recomendaciones para la elaboración de documentos, que recoge pautas sobre redacción, ortotipografía, vocabulario, estilo, diseño e imágenes, e incluye ejemplos de actividades para comprobar la comprensión. La acompaña la UNE 153102:2018 EX, una guía para los validadores. La norma española fue además uno de los puntos de partida de la norma ISO/IEC. En Alemania, la DIN SPEC 33429:2025-03 cumple una función parecida para la Leichte Sprache.
Se trata de documentos técnicos voluntarios, no de leyes. Su valor práctico para quien compra es claro: puede citarlos en un pliego o una licitación, y el proveedor puede demostrar cómo los cumple.
Quién necesita qué: los destinatarios
El lenguaje claro ayuda a casi todo el mundo, pero a algunos grupos en especial: clientes que leen contratos y comunicaciones en momentos de tensión, empleados que leen procedimientos en una segunda lengua, personas mayores, personas con dislexia y profesionales que solo quieren la respuesta. Si publica información para clientes, políticas o instrucciones para un público amplio, el lenguaje claro es el punto de partida.
La lectura fácil se dirige a un grupo más reducido con mayores necesidades. El núcleo son las personas con discapacidad intelectual y dificultades de aprendizaje. También ayuda a personas con demencia o afasia tras un ictus, a personas con competencias lectoras muy bajas y a algunas personas que están aprendiendo español, aunque estas suelen entender bien un buen texto en lenguaje claro. Una pregunta útil para decidir: ¿hay entre sus destinatarios personas que, incluso ante un texto corriente bien escrito, necesitarían ayuda para entenderlo? Si es así, y si la información afecta a sus derechos, su seguridad, su dinero o su acceso a un servicio, la lectura fácil merece una valoración seria.
Cuándo es obligatorio o recomendable cada uno
No existe una única norma europea que obligue a todas las empresas a usar lenguaje claro o lectura fácil, pero varios marcos legales apuntan en esa dirección, y las administraciones públicas tienen las obligaciones más claras.
Administraciones públicas. En España, la Ley 6/2022, de 31 de marzo, incorporó de forma expresa la accesibilidad cognitiva a la accesibilidad universal en la Ley General de derechos de las personas con discapacidad, y la lectura fácil es uno de los principales medios para hacerla efectiva. El desarrollo reglamentario y las normas autonómicas y locales concretan y, a veces, amplían estas exigencias, y quien trabaja para la Administración recibe cada vez más encargos que incluyen versiones en lectura fácil. En Alemania, por comparar, las autoridades federales deben ofrecer explicaciones en Leichte Sprache también en sus sitios web.
Ley Europea de Accesibilidad. La Directiva (UE) 2019/882, transpuesta en España por la Ley 11/2023, de 8 de mayo, exige que la información sobre los productos y servicios incluidos sea comprensible y perceptible. Para los servicios bancarios a consumidores fija incluso un límite concreto: la información no debe superar el nivel B2 del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas, en la práctica una obligación de lenguaje claro. Nuestra guía sobre la ley europea de accesibilidad y los documentos de su empresa explica qué empresas y documentos quedan dentro de su ámbito.
Información al consumidor y protección de datos. El RGPD exige que la información sobre el tratamiento de datos personales se facilite de forma concisa, transparente, inteligible y de fácil acceso, con un lenguaje claro y sencillo. La normativa española de consumidores exige que las cláusulas no negociadas cumplan requisitos de concreción, claridad y sencillez, y las cláusulas oscuras se interpretan a favor del consumidor.
Información de seguridad. La normativa europea de productos exige que las instrucciones y la información de seguridad estén en una lengua que los consumidores y demás usuarios finales puedan entender fácilmente. No impone la lectura fácil, pero una advertencia que nadie puede seguir no protege ni al usuario ni al fabricante. Las instrucciones de seguridad son, por tanto, candidatas claras al lenguaje claro, y a la lectura fácil cuando el producto se dirige a personas que la necesitan.
Recursos humanos y comunicación interna. Rara vez el empleador está obligado a publicar versiones en lectura fácil, pero las plantillas multilingües y las obligaciones de información en prevención de riesgos laborales hacen del lenguaje claro un estándar sensato para los procedimientos.
Esta información es de carácter general y no constituye asesoramiento jurídico. Que un documento concreto esté sujeto a una obligación depende del sector, del país y de los clientes.
Antes y después: ejemplos ilustrativos
Las frases siguientes son inventadas y solo pretenden mostrar la diferencia de nivel. No proceden de documentos reales.
Una comunicación al cliente. Original: «De conformidad con la cláusula 7.2 de las Condiciones Generales, el titular de la cuenta vendrá obligado a notificar a la Entidad cualquier modificación de su domicilio en un plazo no superior a treinta días, no siendo la Entidad responsable, en caso contrario, de la correspondencia remitida al domicilio que conste en sus registros.» Lenguaje claro: «Si cambia de domicilio, comuníquenos la nueva dirección en un plazo de 30 días. Si no lo hace, las cartas enviadas a su antigua dirección se considerarán entregadas.» Lectura fácil: «¿Se ha cambiado de casa? Díganos su nueva dirección. Tiene 30 días para hacerlo. Si no nos dice la nueva dirección, enviamos las cartas a su dirección antigua.»
Una instrucción de seguridad. Original: «Con carácter previo a la realización de cualquier operación de mantenimiento, resulta imprescindible proceder a la desconexión del aparato de la red de alimentación eléctrica a fin de evitar el riesgo de descarga.» Lenguaje claro: «Desenchufe el aparato antes de limpiarlo o repararlo. Así evitará una descarga eléctrica.» Lectura fácil: «¿Quiere limpiar la máquina? Primero quite el enchufe. Después puede limpiar la máquina sin peligro. Si el enchufe está puesto, puede recibir una descarga eléctrica.» Junto al texto habría una imagen de una mano quitando el enchufe.
Un procedimiento de personal. Original: «Las solicitudes de vacaciones deberán cursarse a través del portal habilitado al efecto con una antelación mínima de diez días hábiles respecto de la fecha de inicio del periodo solicitado, quedando supeditadas a la autorización del responsable.» Lenguaje claro: «Pida sus vacaciones en el portal de personal al menos 10 días hábiles antes. Su responsable tiene que aprobarlas.» La versión en lectura fácil explicaría además qué son los días hábiles y podría mostrar la pantalla del portal.
Fíjese en lo que cambia en cada paso. El lenguaje claro conserva toda la información, incluida la consecuencia jurídica del primer ejemplo, y solo elimina los obstáculos. La lectura fácil decide qué debe saber el lector y lo explica paso a paso, evitando el subjuntivo, la voz pasiva y las construcciones impersonales siempre que puede. Por eso suele ser un documento aparte.
La validación con lectores
La validación separa los proyectos serios de los cosméticos. En lenguaje claro, el criterio de la norma es si los lectores consiguen realmente encontrar, entender y usar la información. En la práctica se plantea una tarea a lectores tipo, por ejemplo «averigüe qué ocurre si cancela antes de tiempo», y se observa dónde dudan. Bastan unas pocas sesiones para descubrir títulos que no responden a las preguntas de los lectores y condiciones mal entendidas.
En lectura fácil, la validación forma parte de la definición. Personas validadoras del grupo destinatario leen el borrador, a menudo con una persona dinamizadora, y el texto se revisa hasta que lo entienden. La UNE 153102 EX existe precisamente para orientar a estos validadores. Prevea el tiempo necesario y, en proyectos multilingües, busque validadores que hablen cada idioma de destino.
Cómo interactúa la traducción con el lenguaje claro y la lectura fácil
La claridad no sobrevive automáticamente a la traducción. Una frase inglesa clara, traducida al pie de la letra, puede volverse pesada en español, con nominalizaciones y pasivas, y cada idioma tiene sus propias convenciones sobre lo que suena sencillo.
En lenguaje claro, el orden más eficiente es simplificar primero el texto de origen y traducir después. Un texto más claro tiene menos ambigüedades: los traductores adivinan menos, la terminología se mantiene estable y la revisión es más rápida. Después, las versiones traducidas deben comprobarse según los principios del lenguaje claro en su propio idioma, no solo por su exactitud. La coherencia de los términos importa, y por eso conviene implantar una gestión terminológica centralizada entre idiomas y proveedores antes de la primera traducción, mientras que una guía de estilo para la traducción puede recoger las decisiones de lenguaje claro para cada idioma.
En lectura fácil, la traducción directa rara vez es el camino correcto. Cada idioma tiene sus propias reglas: el alemán, por ejemplo, separa las palabras compuestas largas con un guion o un punto medio, mientras que las pautas españolas e italianas abordan otras dificultades, como los tiempos verbales y el subjuntivo. Lo mejor es partir de un texto en lenguaje claro, crear la versión de lectura fácil en cada idioma según sus pautas y validarla con lectores de ese idioma. Las imágenes suelen poder compartirse entre idiomas, pero el texto que contengan debe adaptarse.
El último paso es la maquetación, y es importante. La lectura fácil depende de la tipografía, los espacios y la posición de las imágenes, y un PDF publicado debe ser además accesible para las tecnologías de apoyo. Nuestra guía sobre documentos accesibles y PDF/UA cubre la parte técnica, desde las etiquetas y el orden de lectura hasta la configuración del idioma en cada versión.
Coste y proceso: de qué depende el esfuerzo
El lenguaje claro y la lectura fácil son trabajos de adaptación, no de traducción, así que el coste depende menos del número de palabras que de cuánto hay que cambiar. Un documento bien estructurado necesita edición; un texto jurídico o técnico denso necesita antes una nueva estructura. Reescribir una política en lenguaje claro es un trabajo distinto de crear una versión ilustrada en lectura fácil. La validación añade sesiones con lectores y una ronda de revisión, las imágenes añaden trabajo de diseño, la maquetación y el PDF accesible añaden autoedición, y cada idioma adicional repite la adaptación y la validación, no solo la traducción.
El proceso sigue un camino previsible: definir los lectores y sus tareas; analizar el texto de origen y acordar el alcance, incluido, en lectura fácil, qué contenidos se mantienen; reescribir o adaptar; pedir a un experto en la materia que confirme que no se ha perdido ni distorsionado nada importante; probar o validar con lectores; y, por último, maquetar, comprobar la accesibilidad y producir los demás idiomas.
Dos errores encarecen el trabajo más que ningún otro. El primero es encargar lectura fácil cuando el problema real es un texto de origen mal estructurado, que una reescritura en lenguaje claro habría resuelto para la mayoría de los lectores. El segundo es traducir un texto complejo a cinco idiomas y luego simplificarlo cinco veces, en lugar de simplificarlo una sola vez.
Cómo elegir: un recorrido de decisión breve
Cuando le llega un documento con la petición de «hacerlo accesible», unas pocas preguntas aclaran la elección.
- ¿Quién debe poder usar el documento sin ayuda, y hay entre esas personas algunas con discapacidad intelectual o competencias lectoras muy limitadas?
- ¿Exige una ley, un contrato público o un cliente un formato concreto, como la lectura fácil o un nivel del Marco Común Europeo?
- ¿Debe el documento quedar completo por motivos legales o de seguridad, o puede una versión selectiva servir mejor a algunos lectores?
- ¿Se va a traducir el documento, y a cuántos idiomas?
- ¿Puede contar con personas del grupo destinatario para las pruebas o la validación?
Si el público es amplio y el documento debe quedar completo, la respuesta es el lenguaje claro. Si algunos lectores necesitan ayuda incluso ante un texto claro y la información les afecta directamente, añada una versión en lectura fácil de los contenidos esenciales. Si el documento se va a traducir, simplifique primero.
Qué preguntar a un proveedor
Unas cuantas preguntas muestran enseguida si un proveedor domina de verdad la diferencia. Pregunte qué normas o pautas sigue en cada idioma y cómo lo demuestra. Pregunte quién valida los textos en lectura fácil y cómo se recluta a los validadores en cada idioma. Pregunte cómo garantiza que un texto jurídico o técnico sigue siendo correcto después de simplificarlo, y quién da el visto bueno. Pregunte si las versiones en lectura fácil se crean de nuevo en cada idioma o se traducen, y cómo se tratan las imágenes y la maquetación. Y, por último, pregunte cómo se revisa el trabajo: los criterios generales para el control de calidad de la traducción también se aplican aquí.
Cómo le ayuda DEMA Solutions con el lenguaje claro y la lectura fácil
DEMA Solutions ofrece ambos servicios dentro de sus servicios de accesibilidad y lenguaje inclusivo. Nuestro servicio de lenguaje claro según la ISO 24495-1 sigue los cuatro principios de la norma: identificamos qué necesitan hacer los lectores, reorganizamos el contenido en torno a sus preguntas, reescribimos, comprobamos que los puntos clave y el siguiente paso sean fáciles de encontrar y, en proyectos multilingües, recreamos el resultado en cada idioma en lugar de traducir la superficie. Cuando los lectores necesitan una adaptación más profunda, elaboramos versiones separadas en lectura fácil, desde folletos, cartas, formularios e instrucciones hasta páginas web y guiones de audio y vídeo: seleccionamos la información esencial, la reescribimos, rediseñamos la presentación y, cuando el proyecto lo permite, la validamos con representantes del público destinatario u organizaciones del sector.
Nuestra experiencia en proyectos de lenguaje claro y lectura fácil procede de la empresa española que se incorporó a DEMA en 2022, y nuestro equipo presentó este trabajo en la conferencia GALA 2024 de Valencia. Como también traducimos y maquetamos documentación, la simplificación, la traducción y la autoedición pueden planificarse como un único flujo: nuestro equipo interno de DTP prepara los archivos finales, y los PDF accesibles pueden producirse mediante la remediación de PDF según PDF/UA. Las traducciones siguen un proceso certificado según la ISO 17100, con un segundo lingüista cualificado que revisa cada traducción, y las realizan nuestros equipos en Italia, Serbia y España. Los proyectos que requieren además una redacción inclusiva, por ejemplo en materiales de recursos humanos, pueden combinarse con nuestras soluciones de lenguaje inclusivo.
Preguntas frecuentes
El lenguaje claro hace comprensible la versión principal de un documento para un público amplio y conserva toda la información necesaria. La lectura fácil crea una versión separada y muy simplificada de la información esencial para personas con discapacidad intelectual o grandes dificultades de lectura, validada por lectores de ese grupo.
Es una forma de redactar y diseñar con frases cortas, palabras de uso común, una idea por frase, maquetación clara e imágenes de apoyo, para que las personas con discapacidad intelectual o competencias lectoras muy limitadas entiendan un texto sin ayuda.
La ISO 24495-1:2023 establece los principios y directrices del lenguaje claro para cualquier idioma: información pertinente, localizable, comprensible y utilizable.
Recoge pautas y recomendaciones para elaborar documentos en lectura fácil, sobre redacción, ortotipografía, vocabulario, estilo, diseño e imágenes, e incluye actividades para comprobar la comprensión. La UNE 153102 EX la complementa como guía para los validadores.
La validación por personas del grupo destinatario es una parte central de las pautas de lectura fácil y es necesaria para usar el logotipo europeo. En lenguaje claro no se exige una validación formal, aunque las pruebas con lectores tipo son muy recomendables.
No hay una obligación general, pero varias normas exigen información clara y comprensible, como el RGPD para la información sobre protección de datos, la normativa de consumidores para las cláusulas contractuales y la Ley 11/2023 para los productos y servicios incluidos.
Es mejor recrearlo en cada idioma según sus propias pautas y validarlo con lectores que hablen ese idioma. Partir de un texto en lenguaje claro facilita mucho el trabajo.
Información fácil de encontrar, entender y usar
¿No tiene claro si un documento necesita una reescritura en lenguaje claro, una versión en lectura fácil o ambas? Envíenos el documento y díganos quién tiene que leerlo. Lo revisaremos, le recomendaremos el nivel de adaptación adecuado y planificaremos el trabajo en todos los idiomas que necesite.
Cuéntenos qué necesita y le responderemos con las soluciones adecuadas.