ISO lenguaje claro: qué dice la norma ISO 24495-1 y cómo aplicarla a los documentos de su empresa

La norma ISO de lenguaje claro es la ISO 24495-1:2023, publicada en España como UNE-ISO 24495-1:2024, Lenguaje claro, Parte 1: Principios rectores y directrices. Define el lenguaje claro mediante cuatro principios: los lectores obtienen lo que necesitan (pertinente), lo encuentran con facilidad (localizable), lo comprenden (comprensible) y pueden utilizarlo (utilizable). DEMA Solutions aplica estos principios a documentos de empresa en varios idiomas.

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A quién va dirigida esta guía

Esta guía está pensada para quienes, dentro de una empresa, deben hacer más claros los documentos: responsables de comunicación, departamentos jurídicos y de cumplimiento normativo, responsables de documentación técnica, atención al cliente y quienes redactan políticas y procedimientos internos. Algunos quieren saber si la ISO 24495-1 es una obligación o algo que pueden exigir a un proveedor; a otros les han dicho que un contrato o un manual es «demasiado complicado» y buscan un método más objetivo que el gusto personal.

La norma ofrece precisamente eso. No dice cuántas palabras puede tener una frase: explica cómo decidir, para un lector y una tarea concretos, si un documento funciona.

Qué es la ISO 24495-1:2023, y qué no es

La norma la elaboró el comité técnico ISO/TC 37, dedicado a lengua y terminología, y se publicó en junio de 2023. En España, UNE la adoptó como UNE-ISO 24495-1:2024, idéntica a la versión internacional; en Alemania existe como DIN ISO 24495-1.

Su punto de partida es una definición: una comunicación está en lenguaje claro cuando su redacción, su estructura y su diseño son tan claros que los lectores a los que se dirige pueden encontrar fácilmente lo que necesitan, comprender lo que encuentran y utilizar esa información. De ahí se derivan tres ideas. El lenguaje claro se define a partir del lector: un procedimiento de mantenimiento puede ser clarísimo para un técnico e incomprensible para un consumidor. Depende de la estructura tanto como de las palabras: frases cortas no bastan si lo que el lector necesita está en la página doce. Y se mide por el uso: la prueba es si los lectores pueden actuar a partir de la información.

La norma se aplica a la mayoría de las lenguas escritas y a documentos impresos y digitales principalmente textuales, desde la información al público hasta la redacción técnica y normativa, con ejemplos solo en inglés. No abarca pódcasts ni vídeos, y deja la accesibilidad técnica de los documentos digitales a las WCAG y a la norma europea EN 301 549. Los vídeos corporativos se rigen por sus propias convenciones, y el subtitulado para personas sordas es la pista que exigen esos criterios de accesibilidad.

Conviene dejar claro también lo que no es. La ISO 24495-1 es una norma de orientación: establece principios y directrices, no requisitos auditables. No existe una certificación oficial de documentos conforme a esta norma y, en el momento de escribir este artículo, ningún esquema acreditado certifica a empresas o proveedores. En ISO se está preparando otra parte con requisitos para las organizaciones, pero mientras no se publique y las entidades de certificación no estén acreditadas para ella, «certificado ISO 24495-1» es solo una declaración del propio proveedor. Lo correcto es decir que un documento se ha redactado o revisado siguiendo los principios y directrices de la ISO 24495-1.

La familia de normas crece. La ISO 24495-2, sobre comunicación jurídica, se publicó en 2025 y aplica la Parte 1 a contratos, condiciones, notificaciones y otros textos legales; hay más partes en desarrollo.

Los cuatro principios de la norma ISO de lenguaje claro

Los cuatro principios se entienden mejor como una secuencia: cada uno depende del anterior.

Pertinente: los lectores obtienen lo que necesitan. Antes de escribir se identifica quiénes son los lectores, qué quieren hacer con el documento, en qué situación lo leerán, qué tipo de documento sirve a ese propósito y qué contenido necesitan de verdad. Todo lo que el lector no necesita esconde lo que sí necesita. Para las empresas suele ser el principio más difícil, porque los documentos tienden a escribirse para quien los emite (para dejar constancia de una decisión o protegerse ante una reclamación) más que para quien los recibe.

Localizable: los lectores encuentran fácilmente lo que necesitan. La estructura sigue las preguntas y tareas del lector, los títulos anticipan lo que viene después, las técnicas de diseño de la información como tablas, listas y espacios en blanco ayudan a orientarse, y la información complementaria se separa del recorrido principal. En la práctica es el principio que más transforma un documento: llevar al principio la decisión, el plazo o la acción pesa más que reescribir cada frase.

Comprensible: los lectores comprenden lo que encuentran. Es la parte que muchos asocian con el lenguaje claro: palabras conocidas, frases claras, párrafos concisos, un tono adecuado, imágenes donde explican mejor que las palabras y un texto cohesionado en el que se ve cómo un punto lleva al siguiente. Los términos técnicos necesarios se mantienen, pero se explican y se usan de forma coherente.

Utilizable: los lectores pueden utilizar la información. Quien escribe evalúa el documento mientras lo elabora, lo prueba con lectores reales siempre que puede y sigue evaluándolo después de publicarlo. Un documento que nunca han probado sus lectores solo es claro en teoría.

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Las directrices de cada principio

Para cada principio, la norma ofrece directrices que explican cómo aplicarlo. No son una lista de control rígida y funcionan mejor aplicadas con criterio, pero dan al equipo un vocabulario común y un orden de trabajo. Las directrices sobre utilidad son las que las empresas se saltan con más frecuencia: evaluar el documento mientras se desarrolla, evaluarlo además con los lectores y seguir observando cómo lo usan tras la publicación.

Aquí la norma se diferencia de muchas guías que circulan, que son listas de reglas sobre palabras y frases: la ISO 24495-1 dedica la mayor parte de su contenido a los lectores, la estructura y la evaluación. Si su empresa ya tiene una guía de redacción, contrástela con los cuatro principios; suele quedarse corta en pertinencia y evaluación.

Por qué las empresas adoptan la norma

Ninguna ley europea obliga a las empresas a cumplir la ISO 24495-1. Lo que sí hace la norma es dar un método concreto para obligaciones que ya figuran en la ley en términos generales. El RGPD exige que la información a los interesados se facilite de forma concisa, transparente, inteligible y de fácil acceso, con un lenguaje claro y sencillo. La normativa española de defensa de consumidores y usuarios exige concreción, claridad y sencillez en la redacción de las cláusulas no negociadas individualmente y, en caso de duda, prevalece la interpretación más favorable al consumidor. El reglamento sobre productos sanitarios pide instrucciones fácilmente comprensibles para el usuario previsto. Y la Ley Europea de Accesibilidad, para los servicios bancarios a consumidores, limita la complejidad de la información al nivel B2 del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas; nuestra guía sobre la ley europea de accesibilidad y los documentos de su empresa explica su alcance.

Ninguno de estos textos dice cómo demostrar que se cumplen. Un método documentado basado en una norma internacional es una posición mucho más sólida que «a nuestros abogados les pareció claro». En compras, la norma tiene un segundo uso: ofrece una especificación objetiva para incluir en la solicitud de oferta, de modo que los proveedores se comparan con los mismos principios y no con su propia idea de claridad.

Hay además una razón económica: las cartas que no se entienden generan llamadas, los procedimientos que no se siguen generan errores y cada frase poco clara del texto original se convierte en varias frases poco claras una vez traducida.

Cómo aplicar la ISO 24495-1 a los documentos de empresa

Los principios son los mismos para cualquier documento, pero los puntos críticos cambian. Cinco tipos de documento cubren la mayoría de las consultas.

Manuales e instrucciones. La documentación técnica ya tiene convenciones de estructura sólidas, así que las mejoras suelen estar en la pertinencia y la comprensibilidad. Separe lo que el operario debe hacer de lo que el ingeniero quiere explicar, coloque las advertencias donde ocurre la acción y no en un capítulo inicial, escriba una acción por paso y use el mismo término para el mismo componente en todas partes, también en la pantalla de la máquina. Nuestro artículo sobre el reglamento de máquinas 2023/1230 y la traducción de las instrucciones explica qué exige la normativa europea a las instrucciones, que da por hecho que el usuario las entiende en su idioma.

Contratos y condiciones generales. Precisión jurídica y lenguaje claro no se oponen. Términos definidos, un orden lógico de las cláusulas, títulos que indican qué regula cada cláusula y frases activas que dicen quién debe hacer qué hacen un contrato más preciso, no menos. El trabajo requiere un jurista y un especialista en lenguaje claro juntos, y el resultado debe resistir la traducción, que es el tema de nuestra guía de traducción de contratos y condiciones generales. La ISO 24495-2 añade orientaciones específicas para este tipo de comunicación jurídica.

Cartas y comunicaciones a clientes. Es donde el principio de pertinencia rinde antes. Quien abre una carta sobre un cambio de precio, un siniestro o una renovación quiere saber tres cosas: qué ha pasado, qué significa para él y qué tiene que hacer, y antes de cuándo. Poner esas respuestas en el primer párrafo y el fundamento jurídico después suele eliminar buena parte de las consultas.

Políticas y procedimientos. Las políticas internas a menudo se redactan para ser aprobadas, no para ser usadas. Organícelas en torno a las situaciones reales de la plantilla, separe la norma de su justificación y pruébelas con quienes deben seguirlas, también con quienes las leen en una segunda lengua.

Contenidos multilingües. Para una empresa que publica en varios idiomas, el texto original es el modelo de todas las versiones. Hacerlo claro una vez cuesta menos que corregir la claridad en cada idioma después.

Lenguaje claro y traducción

El lenguaje claro y la traducción suelen gestionarlos equipos distintos, y es una oportunidad perdida. Un texto original claro abarata la traducción, la acelera y la hace más coherente, y mejora los resultados de la traducción automática.

Las razones son prácticas. Las frases ambiguas obligan a los traductores a adivinar o a enviar consultas, y dos traductores pueden resolver la misma ambigüedad de forma distinta. Las frases largas con condiciones encadenadas son donde se concentran los errores, porque su lógica debe reconstruirse con otro orden de palabras. Una terminología incoherente en el original se vuelve incoherente en cada idioma de destino, multiplicada. Un texto repetitivo y redactado de forma uniforme genera más coincidencias en una memoria de traducción de su propiedad, y las actualizaciones cuestan menos con el tiempo.

Los motores de traducción automática, ya sean motores especializados o modelos de inteligencia artificial generales, también son sensibles a la calidad del original. Frases claras y completas, con sujetos explícitos y términos coherentes, producen una salida en bruto claramente mejor y, por tanto, menos posedición. Un original en lenguaje claro es una de las formas más económicas de mejorar los resultados de la traducción automática con posedición.

Hay dos precauciones. La primera: la claridad no se transfiere sola. La traducción literal de un texto inglés claro puede resultar rígida o confusa en español, italiano o alemán, porque cada lengua tiene sus propias convenciones sobre longitud de frase, registro y forma de dirigirse al lector en las instrucciones. Los principios deben aplicarse de nuevo en cada idioma de destino, por lingüistas que los conozcan. La segunda: la terminología debe mantenerse fija. Lenguaje claro nunca significa sustituir un término técnico o jurídico definido por un sinónimo más amable en un documento y no en otro. Una terminología técnica coherente entre traductores y proveedores es lo que mantiene unidas claridad y precisión.

Una guía de estilo para la traducción es el lugar natural para fijar cómo se aplican los cuatro principios en cada uno de sus idiomas: estructuras de frase preferidas, tratamiento del lector, forma de redactar instrucciones y advertencias, y términos que no se cambian.

Lenguaje claro, lectura fácil y accesibilidad

El lenguaje claro no es lo mismo que la lectura fácil. La ISO 24495-1 se dirige a un público general amplio y busca mejorar la versión principal de un documento. La lectura fácil crea una versión independiente y mucho más sencilla para personas con discapacidad cognitiva o intelectual, dificultades de aprendizaje o una comprensión lectora muy limitada; sigue sus propias reglas y suele validarse con lectores de ese grupo. Muchas organizaciones necesitan ambas: una versión principal clara para todos y una versión en lectura fácil para quienes necesitan más apoyo. Si todavía duda cuál de las dos pide su público, nuestra comparación del lenguaje claro y la lectura fácil detalla destinatarios, normas y proceso de validación.

Tampoco sustituye a la accesibilidad técnica. Un documento claro publicado como PDF sin etiquetas sigue siendo inservible para quien usa un lector de pantalla, y por eso la norma remite a las WCAG y a la EN 301 549 para la accesibilidad digital. Si sus documentos deben ser accesibles, la guía sobre documentos accesibles y PDF cubre la parte del archivo; el lenguaje claro cubre el contenido.

Cómo revisar un documento conforme a la ISO 24495-1

Como no existe certificación, la pregunta útil no es «¿este documento es conforme?», sino «¿funciona para sus lectores y podemos demostrar cómo lo hemos comprobado?». Una revisión estructurada según los cuatro principios responde a esa pregunta y puede hacerse con cualquier documento existente en pocos pasos.

Empiece por el lector y la tarea. Escriba en una o dos frases quién lee el documento, qué debe hacer o decidir y en qué situación. Si el equipo no se pone de acuerdo, el documento no tiene ninguna posibilidad de ser pertinente, y ese desacuerdo es el primer hallazgo.

Revise la pertinencia. Recorra el documento y marque cada sección que el lector necesita para su tarea, cada sección que solo sirve al emisor y lo que falta. El contenido que sirve al emisor puede tener que quedarse, por ejemplo por motivos legales, pero puede trasladarse a un anexo o a un apartado separado.

Revise la localización. Lea solo los títulos y la primera frase de cada sección. ¿Puede un lector prever dónde encontrará la respuesta a sus tres preguntas más probables? ¿Está lo más importante al principio? ¿Se ven las advertencias, los plazos y las acciones sin leer todo lo demás?

Revise la comprensibilidad. Busque frases largas con varias condiciones, construcciones pasivas o impersonales que ocultan quién debe actuar, siglas sin explicar, términos incoherentes y sustantivos abstractos donde un verbo sería más claro. Las fórmulas de legibilidad pueden señalar pasajes problemáticos, pero solo miden rasgos superficiales.

Pruebe la utilidad. Entregue el documento a algunas personas parecidas a los lectores previstos y pídales tareas realistas: encontrar el plazo, explicar qué deben hacer, decir qué pasa si no hacen nada. Incluso unos pocos lectores revelan problemas que ningún revisor interno verá.

Documente y repita. Anote el perfil del lector, los hallazgos, los cambios y cómo se probó. Ese registro es su prueba de que el documento se elaboró siguiendo la ISO 24495-1 y agiliza la siguiente revisión. En los documentos traducidos, repita la prueba al menos en los principales idiomas de destino, no solo en el original.

Errores frecuentes

El error más frecuente es tratar el lenguaje claro como un retoque final, cuando un texto reestructurado tras la revisión jurídica y técnica debe volver a revisarse; definir lector y estructura desde el principio cuesta mucho menos. El segundo es confundir claro con breve: a veces la versión clara es más larga porque explica un término. El tercero es traducir literalmente un original claro, perdiendo la claridad justo donde leen clientes y empleados extranjeros. El cuarto es prometer de más, presentando como certificado un documento según una norma sin esquema de certificación.

Qué preguntar a un proveedor de lenguaje claro

Unas pocas preguntas distinguen un enfoque estructurado de una simple corrección de estilo. Pregunte cómo identifica el proveedor a los lectores y sus tareas antes de reescribir, cómo prueba la utilidad y con quién, cómo protege los términos jurídicos y técnicos que no deben cambiar y cómo traslada la versión clara a cada idioma de destino. Y pregunte cómo describe su trabajo en relación con la ISO 24495-1: un proveedor riguroso dirá que sigue sus principios y directrices, no que certifica documentos.

Cómo aplica DEMA Solutions la ISO 24495-1

Nuestro servicio de lenguaje claro basado en la ISO 24495-1 se guía por los principios de la norma ISO 24495-1:2023 y se aplica a contenidos web, formularios, educación, salud e información interna o dirigida a clientes. El trabajo sigue el orden de la norma: identificamos qué necesitan saber o hacer los lectores, reorganizamos la información en torno a sus preguntas, reescribimos el texto explicando la terminología necesaria, comprobamos si los lectores encuentran los puntos clave y el siguiente paso y, en los proyectos multilingües, recreamos el resultado en cada idioma de destino en lugar de traducir mecánicamente la redacción.

Como también somos una empresa de traducción, el lenguaje claro y la traducción pueden avanzar como un único proceso coordinado. La traducción sigue un proceso certificado ISO 17100, con un segundo lingüista cualificado que revisa cada traducción; nuestro equipo de DTP propio se ocupa de la maquetación en los archivos originales, y nuestros equipos en Italia, Serbia y España trabajan en los idiomas en que publican nuestros clientes. El lenguaje claro forma parte de nuestros servicios de accesibilidad y lenguaje inclusivo, junto con la lectura fácil y los PDF accesibles.

Dónde encaja TUBE

Para las empresas que publican contenidos en lenguaje claro en varios idiomas y los actualizan con frecuencia, la solución TUBE ayuda a mantener estable la redacción acordada. Su glosario y su memoria de traducción guían la traducción automática, cada traducción aprobada pasa a una memoria de su propiedad que puede exportar, y los informes de aprovechamiento muestran qué parte de cada actualización procede de textos que usted ya ha aprobado.

Preguntas frecuentes

Es la ISO 24495-1:2023, adoptada en España como UNE-ISO 24495-1:2024, Lenguaje claro, Parte 1: Principios rectores y directrices. Define el lenguaje claro como una comunicación cuya redacción, estructura y diseño permiten a los lectores previstos encontrar fácilmente lo que necesitan, comprenderlo y utilizarlo, y establece cuatro principios con directrices para aplicarlos.

Pertinente (los lectores obtienen lo que necesitan), localizable (lo encuentran con facilidad), comprensible (entienden lo que encuentran) y utilizable (pueden usar la información). Cada principio se acompaña de directrices, desde identificar a los lectores hasta probar el documento con ellos.

No. La ISO 24495-1 es una norma de orientación y hoy no existe una certificación oficial de documentos. En ISO se prepara una parte con requisitos para las organizaciones. Mientras tanto, lo correcto es decir que un documento sigue los principios y directrices de la ISO 24495-1.

La norma es voluntaria. Sin embargo, varias normas exigen un lenguaje claro, entre ellas el RGPD para la información sobre protección de datos y la normativa de consumidores para las cláusulas no negociadas, y la norma es un método práctico para cumplir esas obligaciones generales.

Sí. Está pensada para la mayoría de las lenguas escritas, aunque sus ejemplos están en inglés, y existe la versión española UNE-ISO 24495-1. Los principios deben aplicarse en cada idioma, porque la traducción literal de un texto claro en inglés no es automáticamente clara en español.

El lenguaje claro mejora la versión principal de un documento para un público amplio. La lectura fácil crea una versión independiente y mucho más sencilla para personas con discapacidad cognitiva o dificultades de aprendizaje, con sus propias reglas y normalmente validada por lectores de ese grupo.

Normalmente sí. Un original claro y coherente reduce consultas y errores, genera más coincidencias reutilizables en la memoria de traducción y mejora la salida de la traducción automática, lo que reduce la posedición.

Haga que sus documentos funcionen para quien los lee

Si sus contratos, cartas a clientes, manuales o políticas necesitan ser más claros, en un idioma o en varios, envíenos un ejemplo e indíquenos quién lo lee. Lo revisaremos según los cuatro principios de la ISO 24495-1 y le propondremos cómo reescribirlo y traducirlo.

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